Entre los muros de la casa Vieja

Autor: Jesús Antonio Ducroc

Hoy te presto mi añoranza,
para que viajes conmigo a la distancia,
vamos a recorrer la casa solariega,
y en su regazo a entretejer guirnaldas,


entre los muros de la casa vieja.
Marchemos en procura de
otroras alegrías,
a esa casa de encanto y
poesía,
la casa paternal de sueño y
fantasia,

que guardo las esencias hermosas de aquel
día.
Llego a mi lar bebiendo remembranzas,
busco silente el patio de la infancia,
mudo testigo de aquella edad sencilla,
que al lado de mama era una maravilla.


Tenia mi casa un rosal de ensueño,
las mas
hermosas rosas adornaban la estancia,
exhalaban las flores un encanto especial,
y nutria su esplendor la brisa matinal.


Había en el fondo antaño tamarindo,
un
árbol otoñal que mi abuelo sembró,
tenia su fruto un
dulzor de arica,
su inmensa sombra siempre nos cobijo.


Al llegar con su encanto la semana mayor,
era mi casa un
jardín de ensoñación,
volaban papagayos los niños a
montón,
el trompo y la
zaranda eran de lo mejor,

no faltaba la pesca del
bagre y el pavón,
que mama preparaba en vetusto
fogón.
Ayer
volví a mirar la casa vieja,
la soga del recuerdo me llevo hasta su lar,


al divisarla con mis ojos de niño,,
sentí en mi alma la alegría infinita,
del hijo
ausente que volvió a transitar,
los predios mas hermosos de aquel tiempo ancestral
que guardo en su memoria y nunca ha de olvidar.




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